Haciéndo un inciso en la temática de este blog, voy a incluir el texto de un folleto que me encontré accidentalmente viajando en avión y que, como poco, me dejó un buen sabor de boca y los pelos de punta (y olé):

La tradición no justifica la tortura de un animal con capacidad para sufrir. La lapidación y la ablación del clítoris son tadiciones y no por eso son legítimas. La tauromaquia es un espectáculo cruel y desigual donde el torero mata a un animal, previamente debilitado y torturado. Durante su agonía, al toro se le clavan puyas de hasta 40 cm, banderillas de 6 cm, y arpones de 8 cm y un estoque que penetra hasta 45 cm. Finalmente, para rematarlo, un cuchillo en la médula espinal que deja al animal paralizado pero aún consciente. En la mayoría de los casos, el toro muere ahogado en su propia sangre ya que el estoque no ataviesa el corazón como se dice, sino los pulmones. Como trofeo para el torero, se le cortan las orejas y/o el rabo mientras agoniza y luego es arrastrado al desolladero.

Los caballos también son víctimas de las corridas ya que reciben cornadas que les pueden abrir el vientre. Se les tapa los ojos para que no vean al toro y se les cortan las cuerdas vocales para que no relinchen de dolor. Se usan caballos viejos sin valor comercial pues no durarán más de 3 o 4 corridas debido a la rotura de costillas y heridas, las cuales están cubiertas por el peto.

Causar dolor a un animal o un ser humano en nombre de la cultura, el arte o la tradición es inmoral e injustificable. Los animales, como nosotros, son seres con plena capacidad de sentir placer o dolor. El uso que de ellos hacemos no se justifica moralmente, pues no respetamos sus intereses en estar vivos, ser libres y no ser torturados”.

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